Olivares
HERALDICA:
Escudo español (con la base redondeada y no remalada en punta a la manera francesa), partido.
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En el primer cuartel o pal, de azur dos calderas jaqueladas de oro y gules (rojo), puestas en palo, verticalmente gringoladas de siete cabezas de sierpe de sínople (verde) en cada asa, bordadura componada de castillos de oro sobre gules leones de Olivares, condes-duques de apellido Guzmán.
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Segundo, de oro, superando el escudo, corona Real moderna o cerrada, que consiste en un circulo de oro engastado de piedras preciosas, compuesto de perlas y de cuyas hojas salen otras tantas diademas sumadas de perlas, que convergen en un mundo que es de azur, con el semimeridiano y el ecuador de oro sumado de una cruz y la corona forrada de gules. Este escudo es el de los Guzmanes, pero anteriormente Olivares poseía otro que mantuvo desde la época romana.
EN UN SALTO
Desde Sevilla, no molestarse en dar un pequeño salto hasta Olivares puede ser una decisión a lamentar. A sólo 17 Kms., Olivares preside desde su altura la comarca más celebrada de Sevilla: El Aljarafe.
Acercarnos nos posibilita atravesar gran parte de esta magnífica comarca, conocerla, adentrarnos en la belleza de su paisaje, en la dulzura y suavidad de su ambiente.
Contemplando vistas únicas de Sevilla desde los cabezos o terrazas que rompiendo la llanura en que se asienta la capital, nos abren las puertas de la moderada altiplanicie aljarafeña, nos iremos acercando a su Municipio más alto, Olivares con un casco urbano a 171 mts de altitud, por el que bien pueden suspirar los habitantes de la capital en los tórridos meses veraniegos.
Entre tanto, sí nos hemos despojado de las prisas y agobios, sí estamos por disfrutar y conocer el marco que nos rodea, podemos comprobar por qué durante siglos los árabes, asentados tempranamente en estas tierras, la colmaron de epítetos y se la disputaron con ansiedad.
EN EL ALJARAFE
El origen de este término es el árabe “as saraf”, cuya traducción significa elevación, altura. Sin embargo, la conformación histórica del vocablo añade a esa innegable realidad geográfica otras connotaciones agrícolas-económicas no menos evidentes: la riqueza de su suelo. De tal suerte Aljarafe o Axarafe, dada la profusión de olivos en la comarca, se identifica igualmente con el correr de los tiempos con “campo de olivos” e incluso con “heredamiento de olivares”.
El cosmógrafo Gabriel de Santans, al describir sus observaciones, hacia 1623-1624, en los trabajos para una descripción geográfica de España comisionado por Felipe IV, une acertadamente ambas concepciones refiriéndose a estos terrenos como “Axarafe o loma de olivas”.
Tan pronto comenzó la invasión árabe tomaron posesión de estos fértiles terrenos en el año 711; siendo plenamente consolidada la conquista en el temprano 713 por acción de Abd-al-Aziz, hijo del caudillo Muza, al que éste envió con tropas desde Mérida para sofocar una rebelión.
Terrenos deseables fueron disputados durante los siglos IX y X se sucedieron los enfrentamientos sangrientos ente los linajes de libn Hayyay y los Ibn Jaldún, hasta que Ibrahim libn Hayyay se impuso definitivamente. En el apogeo cordobés, Abd-al-Rahman III sometió la comarca al Califato.
Económicamente, las explotaciones existentes de origen hispano romano así como las villas tan deseables en aquella lejana época, conocieron unos siglos de notable apogeo. Los nuevos dueños imponen la preeminencia de los olivos e higueras sobre la vid, y las fincas, alquerías o casas de la lanza agrupados en pequeños núcleos, blanquearon todo el “As Saraf” hasta semejar estrellas blancas en un cielo de olivos, en expresión de Ibn Saifar.
El Aljarafe no sólo es la “corona de Sevilla” (Ibo Hisn), sino su huerta, verde en todo tiempo (Razi), tan apreciada que su tierra transmite nobleza a sus poseedores (Al Mutamid), además de riqueza.
El comercio con Sevilla llega a ser tan intenso que hacia 1188 Abu Yacub Yusuf construye un puente sobre el Guadalquivir para que por él pasaran la gente de Sevilla, los habitantes del Aljarafe, que acudían a la ciudad a vender sus mercancías, satisfacer sus necesidades y proveerse de subsistencias, además de para paso de los ejércitos.
En el asedio a Sevilla por Fernando III, el Aljarafe constituyó una retaguardia eficaz por lo que pronto comenzaron las incursiones y devastaciones al mando del lnfante Don Alfonso y Pelay Correa, que culminarían con la ruptura del puente de barcas sobre el Guadalquivir para imposibilitar el socorro que a la ciudad aportaban Triana y el Aljarafe.
Ajenos en nuestro paseo a los avatares de la historia, sí podremos comprobar las constantes geoclimáticas que en todos los tiempos han cautivado a los afortunados que se han adentrado en estos campos. En breves minutos, los necesarios para atravesar el Guadalquivir, nos habremos despedido de la visión de la ciudad para disfrutar de un clima más benigno. Pero la “Huerta de Hércules” acaso todavía no se divise ocultada por el excesivo florecimiento de las urbanizaciones que, queriendo escapar de la capital, no hacen sino prolongar la aglomeración ora par la campiña, ora la antigua verde cornisa aljarafeña. Será necesario adentramos sin más dilaciones por estas tierras y llegar hasta Olivares.
OLIVARES: LOCALIZACIÓN Y ACCESOS
El actual núcleo urbano se localiza en las coordenadas 6º 10′ de longitud y latitud 37º 25′, en una meseta a 171 metros de altitud en la que habitan 8500 habitantes. Su término lo constituyen 4487 Has., limitado al norte por el de Gerena, al este por los de Salteras y Espartinas, al sur por Villanueva del Ariscal y Sanlúcar la Mayor, y al oeste por los de Albaida, la misma Sanlúcar y el río Guadiamar, que atraviesa el término de norte a sur, por el Oeste, y termina deslindando los municipios de Olivares y Sanlúcar.
Aunque su clima es mediterráneo, templado, con lluvias invernales y sequía en verano, la altitud, muy superior a los 8 metros de Sevilla, suaviza notablemente los rigores de la capital. Presenta, en relación a la comarca en que se asienta, la máxima altura de un núcleo urbano, así como la máxima cota de toda la comarca en el cerro de Torrús, con 185 metros de altitud, auténtica “cumbre” del Aljarafe que se localiza en el limite de los términos de Olivares y Salteras.
Insistiendo en el clima, Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico Estadístico Histórico, de 1845-1850, al referirse al de Olivares lo precisa en pocas palabras: “clima muy sano, temperatura benigna, aires puros y saludables”.
Hasta la misma década de los 80, colonos de los Duques de Alba, que han representado la continuidad de la nobleza española que marcó el origen, historia y acaso la propia idiosincrasia de los olivareños. Así en los años 40, en la puesta de largo de Doña Cayetana en Sevilla, posteriormente duquesa titular, algunos colonos de Olivares recaudaron voluntariamente entre ellos dinero para hacerle un regalo, y además en nombre de ella repartir entre los necesitados de la localidad telas y ropas.
El proceso de enajenación de las tierras ducales durante 1982 a colonos y jornaleros olivareños estuvo salpicado de incidentes, de los que son notario los diarios sevillanos de dicho año, creándose comisiones al efecto. Tras alguna manifestación en Sevilla, el asunto llegó a la Diputación Provincial e incluso al Congreso de los Diputados, donde se presentó una interpelación al respecto.
Su Historia
LOS ORÍGENES
Parece fuera de cuestión que el Aljarafe fue poblado desde tiempos prehistóricos, siendo abundantes los restos arqueológicos datados en el neolítico y eneolítico, entre ellos el famoso y admirado Tesoro del Carambolo. A ello debió contribuir sin duda tanto la potencialidad agrícola del terreno como su estratégica localización geográfica, sobre terrazas enmarcadas por el Guadalquivir y el Guadiamar, e incluso el Lacus Ligustinus, en una disposición que, desde luego en grandes dimensiones viene a recordar otros emplazamientos históricos de gran importancia como el de Los Millares, en Almería.
Olivares no puede ser una excepción. Así, a pesar de lo reciente de la formación del núcleo urbano actual, en su término se encuentran restos arqueológicos tales como sepulturas romanas del siglo II, en las proximidades de su linde con el término de Salteras, y, más antiguas en el Cerro de la Cabeza, cerro que dominando el río Guadiamar, afluente del Guadalquivir, encierra los restos de la antigua ciudad ibero-romana llamada Iptuci, con precedentes desde las épocas del Bronce final, que han sido objeto de investigación por el departamento de Historia Antigua de la Universidad de Sevilla.
Durante la época romana la población y explotación del Aljarafe está fuera de dudas. Denominada por su fertilidad, Huerta de Hércules, parece fuera de dudas que ese fuese el fin a que se emplearon las terrenos de Olivares que por aquellos tiempos careció de asentamiento especifico, si exceptuamos, según algunos autores las pequeñas agrupaciones humanas denominadas Heliche y Soberbina. A este periodo corresponde un acueducto que atravesando el término conducía las abundantes aguas de Tejada a la ciudad de Itálica. Todavía a mediados del XIX se conservaban grandes restos hoy prácticamente desaparecidos.
Vázquez Soto equipara Heliche y Soberbina a Laelia (la actual Albaida), Pésula o Tejada, esta última localizable en el término de Sanlúcar la Mayor.
Heliche pervivirá durante siglos, despoblándose definitivamente hacia 1817 aproximadamente. Más duró, oficialmente su parroquia – de San Benito – que no se extinguió hasta la Real Orden de 26 de Marzo de 1843.
En la actualidad, dicho asentamiento está desaparecido aunque localizable, en predio rústico, a 1 Km. aproximado del casco urbano actual, en dirección a Salteras.
Con el nombre de Soberbina, se denomina en la actualidad, en termino de Olivares, una importante finca. Hacia 1623-1624, el cosmógrafo Gabriel de Santans, ya citado, al precisar los límites y lugares del Axarafe o “loma de olivas”, señala entre ellos “la cabeza del Maestre, que fue villa y se llamó Soberbina, que hoy está arruinada”.
Por último, Herrera García señala un topónimo latino de posterior trascendencia para Olivares: Turculinas.
LA ÉPOCA ÁRABE
Durante la dominación árabe, Olivares y su término participan plenamente de todas las características ya reseñadas sobre esta época, siendo generalmente admitido que el actual núcleo era una alquería De esta época queda una torre al pie de la carretera Olivares-Gerena, al Km. 8, denominada como la finca en que se enclava, Torre de San Antonio. En el XIX todavía quedaban restos de otra, que bien podía ser la que Gabriel de Santans denominaba en 1623 Torre de Crispín o Crispinejo.
La torre, que se conserva, tiende a datarse en el siglo XII es de las del tipo de vigía, dentro del sistema de comunicación que establecieron en el Aljarafe, de la que es buena prueba la Torre Mocha de Albaida. De planta cuadrada de 6×6 metros, presento originariamente tres plantas abovedadas de las que sólo se conservan el arranque de las mismas. La última planta comprendía ventanales a los cuatro puntos concluyendo en azotea y cornisa.
LA RECONQUISTA Y SUS CONSECUENCIAS: EL REPARTIMIENTO
Rendida Sevilla a Fernando III, sin condiciones, el 23 de Noviembre de 12,48, Fernando exigió que le entregasen la ciudad vacía de habitantes, se produjo la emigración forzada de 300000 habitantes de la zona hacia Marruecos, Málaga o Granada, produciéndose la entrada solemne en la ciudad del rey cristiano el 22 de Diciembre (de Mena) abriéndose el capítulo del Repartimiento.
Todavía se producirían algunas incursiones o razzias musulmanas por toda la zona, como las de los benimerines en 1277 o la del emir Abu Yacub en 1285, pero, inevitablemente, una página de la historia había pasado, y el siglo XIV comenzaría con plena tranquilidad.
Como consecuencia de los lotes y donaciones que se producen con ocasión del Repartimiento, Heliche se otorga por Alfonso X a su hermano el Infante Don Manuel, posteriormente es dado a la Orden Militar de Alcántara, pasando sus predios de olivos a los frailes de San Benito, mentores espirituales de los caballeros de dicha orden, lo que explica la advocación que tuvo la parroquia de dicha localidad a ese santo. Por su parte, la alquería que en el Repartimiento aparece como Torculina o Tercolina – la Turculina latina – que derivará por fin en Estercolinas, pasará a manos señoriales.
La evolución específica de esta Estercolinas, origen primigenio del actual núcleo de Olivares, la recoge Ortiz de Zúñiga en sus Males. En 1304 fue dada junto con otros lugares a Don Alonso de la Cerda, pasando posteriormente a manos de Rui López de Ribera y de las de éste al señorío de Per Afán de Ribera, Adelantado mayor de Andalucía. Sus herederas vendieron el lugar a Don Juan Pacheco, Marques de Villena, para terminar definitivamente en manos de la casa de Medina Sidonia a finales del siglo XV, tal como lo acreditan distintas actuaciones judiciales por querella y otro conflicto, corriendo los años de 1493 y 1495.
Siguiendo a Herrera García en su importante obra ” El Aljarafe Sevillano durante el Antiguo Régimen”, podemos afirmar que Olivares ya existe en 1495, pues el proceso referido de ese año trata sobre el pasto común del “Chaparral” y en él es parte el Concejo de la villa de Olivares.
De esta forma, ajenos a las empresas de ultramar, a las rutas de las especias o a la redondez de la Tierra, el y Centenario del nacimiento de la villa de Olivares viene a conmemorarse prácticamente a la vez que el descubrimiento de América.
Termina el siglo XV y nuestro Aljarafe a sufrido una gran transformación Conquistado despoblado y vuelto a poblar por foráneos, sus tierras recobran el carácter deseable que siempre han tenido. El propio Olivares, o Estercolines, es objeto de múltiples transferencias entre poderosos de la época. Parece como si la especulación ya señorial ya urbanística fuesen consustancial al a estas tierras, sin olvidar la sangrientas luchas entre musulmanes por enseñorearse con su dominio.
Respecto a la repoblación, ésta se realizó en régimen de donadío como algo dado en gracia por los reyes conquistadores a sus soldados con derecho dc asentamiento. Los pobladores son, según Vázquez Soto, mezcla de muladíes y pecheros castellanos, incrementados con partidas de colonos que llegan de otros lugares cuando, por mudanza de los primeros pobladores o por efecto de las epidemias, los asentamientos se despueblan. En general, el origen más importante de los pobladores serán los territorios castellanos y leoneses, con una nueva inmigración en tiempos del Conde-Duque.
PRESENCIA EN EL NUEVO CONTINENTE
En las mismas fechas en que la aventura del Descubrimiento de América se tomaba de sueño en realidad, el Aljarafe se presenta como una densidad de núcleos de población como no se volverá a producir en ninguna otra parte de Andalucía Occidental. Jerónimo Máncer, en 1494, da testimonio de que era una próspera zona llena de granjas y olivares.
Tanto y tan buenos olivos que la presencia de Olivares en el Nuevo Mundo no se realiza a través de sus hombres, sino por sus productos. Según consta en la Casa de Contratación, hoy Archivo de Indias, se exportan a La Española y posiblemente también a Puerto Rico 50 estacas de olivo -sacadas de cuajo- y 1200 estacas delgadas, varetas o esquejes, así como plantones de membrillos, ciruelos, higueras, almendros y ciertas matas de romero que fueron abonadas al Alcaide de Olivares, D. Juan de Baena, por los oficiales de Casa de Contratación corriendo el año 1520.
Los señores de Guzmán
EL CONDE-DUQUE
Los señores de Guzmán provienen de una familia de origen leonés que, con activa participación en la conquista de Andalucía, obtendrán grandes dominios territoriales e importantes títulos nobiliarios, entre ellos el de Duque de Medina Sidonia en 1445, que se transmitirá hereditariamente por vía de primogénitos.
EL PRIMER CONDE DE OLIVARES
En el devenir histórico de Olivares, nos interesa seguir al hijo segundo del tercer Duque de Medina-sidonia tanto que segundón, privado del ducado, Pedro de Guzmán y Zúñiga ha de dotarse de título propio. Su padre, el Duque dc Medina-sidonia, en busca de prebendas para su hijo no primogénito, pidió en 1507 a Femando el Católico una encomienda para éL Con todo, en 1521 todavía no contaba D. Pedro con los dominios de Olivares, que no alcanzaría hasta la muerte de su madre y con gran probabilidad por disposición testamentaria
La concesión del ansiado título de Conde de Olivares, el primer conde, la obtiene de Carlos 1 el 12 de octubre de 1535, en Palermo, por sus señalados servicios al César-Emperador en Italia, Alemania y Túnez.
Pedro de Guzmán pudo acrecentar su condado comprando Castilleja de Alcántara, que pasa a ser Castilleja de Guzmán, Heliche y Characena en 1532, y un año más tarde Castilleja de la Cuesta, gracias a las Bulas papales de Clemente VII y Paulo III en 1529 y 1536 que permiten la enajenación de terrenos y rentas de las Ordenes Militares.
El primer Conde promulga en enero de 1552, en Sevilla, unas Ordenanzas para las villas y lugares de su Estado. En ellas se regula el funcionamiento de cabildos y ayuntamientos, las funciones de los oficiales concejiles, la saca de mozos de soldada, el trabajo de pastores, gañanes, cabañeros y manaderos, campesinas y guardas de campo, reglas y obligaciones para mesoneros, disposiciones sobre mostrencos y cosas perdidas, penas y pechos, indicaciones particulares sobre la dehesa etc., etc.,(Herrera).
El mismo autor precisa como el mismo Conde promulgó otras Ordenanzas para el Pósito de Olivares en años trabajosos y de mucha falta y carestía de pan, por favorecer a los vasallos de las villas de Olivares, Heliche, Castilleja de Guzmán y Castilleja de la Cuesta; que serían confirmadas por Felipe II, por Real Cédula de 1572.
EL SEGUNDO CONDE DE OLIVARES
El segundo Conde de Olivares, Enrique de Guzmán y Ribera, tuvo un destacado papel en la corte y la política de la época, alcanzando los títulos de embalador en la Corte de Roma, Virrey de Sicilia y Nápoles y Consejero de Estado del rey Felipe III.
Con él los dominios dc esta rama de los Guzmanes se amplían al comprar la vecina Albaida en 1574, puesta en venta tras el Breve del Papa Gregorio XIII fechado en 1574, desde cuya Torre Mocha se tomó posesión del termino en beneficio y provecho del Condado de Olivares.
La preocupación por el gobierno de sus estados incrementados se manifiesta en las modificaciones y agregaciones que introduce en las Ordenanzas dictadas por su padre, Ordenanzas que ya en el siglo XVIII serán confirmadas por el nuevo Sr. de estos estados, el Duque de Alba.
Consecuencia directa de su estancia en Roma fue la creación en Olivares de una Capilla, con capellán mayor y doce menores, puesta la advocación de la Virgen de Santa Maria la Mayor o de las Nieves, virgen venerada por el II Conde en la iglesia de Santa Maria la Mayor de Roma. De esta señorial manera quedaría desplazada la oriunda Virgen del Álamo que veneraban las campesinos olivareños, que no dudaron aceptar el criterio de su Conde, pasando la nueva Virgen de las Nieves a ser la Patrona de la localidad.
La nueva capilla fue enriquecida con gran cantidad de reliquias sagradas traídas de Roma, en donde su esposa, Dª María Pimentel y Fonseca, por gracia o licencia de los pontífices Gregorio XIII, Sixto y Gregorio XIV, llevará a cabo una colecta de reliquias en forma constante y efectiva durante los años 1582 a 1591. Las reliquias se remiten con los documentos necesarios para atestiguar su autenticidad, la lista de testigos presenciales -ente ellos el reverendo padre Francisco de Victoria – y la nómina de donantes, entre los que llama la atención el Cardenal Ajejandro de Médecis.
Estas reliquias se conservan en gran número y riqueza caía actual Iglesia Parroquial, la misma que crean D. Enrique, con las ampliaciones y transformaciones realizadas andando el tiempo, entre ellas los restos de Sr. Úrsula, S. Esteban mártir, S. Ceferino, S. Entiquio, S. Zenón, S. Roque, de las once mil vírgenes, y de tantos otros.
EL TERCER CONDE DE OLIVARES Y CONDE-DUQUE
A Don Enrique le sucedió su hijo Don Gaspar de Guzmán y Fonseca, nacido en Roma el día de Reyes de 1587 y llamado a jugar un importantísimo papel tanto en la historia nacional como en la del propio Olivares. Valido de Felipe IV ente 1621 y 1643, y tercer Conde de Olivares, conseguirá hacer realidad los deseos de su abuelo ampliando sus posesiones y estados con la ansiada compra del señorío de Sanlúcar la Mayor en 1623 y completando el de Castilleja de la Cuesta al adquirir en 1625 la realenga Calle Real. Completadas las ambiciones del abuelo, se embarca en las propias desde su preeminente puesto de valido del rey, y en 1627 adquiere Tomares, que llevaba anejo el lugar de San Juan, y Aznalcóllar; en 1630, Coria; Camas, en 1635, y por fin, en 1641, Bollullos de la Mitación, Palomares – que conlleva en su término el entonces heredamiento de Alrnensilla – La Puebla – con las Islas Mayor y Menor -, Mairena del Aljarafe y Salteras.
En su grandeza, el tercer Conde de Olivares acumula títulos y oficios, tales como Duque de Sanlúcar la Mayor, Marquesado de Heliche, condado de Aznalcóllar, marquesado y rnayorazgo de Mairena. En cualquier caso, no existió el titulo de Conde-Duque de Olivares, sino los de Conde de Olivares y Duque de Sanlúcar. No obstante murió en desgracia el 22 de julio de 1645, dejando a su viuda, Dª. Inés de Zúñiga y Velasco, deudas con la Hacienda Real por un total de 31.882.753 maravedís.
Muerta Maria, la única hija legítima del Conde-Duque, al año de haber casado con Ramiro Núñez Felipe de Guzmán – de una de las ramas de los Guzmanes – así como el hijo que resultó de este breve matrimonio, la dinastía quedaba truncada. A D. Gaspar, máxima gloria y poder del condado de Olivares, le sucederán las deudas, pleitos y divisiones de sus Estados entre D. Luis Méndez de Haro, sobrino suyo; D. Enrique Felipe de Guzmán, su hijo bastardo, y el breve esposo de su hija María, su yerno D. Ramiro, Duque de Medina de las Torres. Con lo que (si bien pudo el valido de Felipe IV frenar – con la excepción de Portugal – los intentos de disgregar España en distintos reinos independientes, reacción de la poderosa aristocracia ante su política fuertemente centralista, y que en Andalucía en 1641, de haber triunfado habría coronado rey a otro Guzmán, de la rama primogenia, Duque de Medina-sidonia) no pudo en cambio conseguir lo que en principio parece empresa más fácil: mantener la unidad de sus señoríos.
A su sobrino D. Luis Méndez de Haro le corresponderán Olivares y Heliche juntamente con Albaida, Salteras, las dos Castillejas, Camas, Tomares y San Juan de Aznalfarache. Además de sucederle en la privanza, como nuevo valido del monarca Felipe IV. Posteriormente, por una escritura de transacción y concierto otorgada en 1648 entre distintos litigantes de la herencia, obtendría mayores beneficios.
LA CASA DE ALBA
Rota la línea dinástica, el Estado de Olivares seguirá múltiples peripecias hereditarias, viniendo a integrarse en la casa de los poderosos Duques de Alba en el siglo XVIII, que en 1756 confirmarán las Ordenanzas dadas por los Guzmanes. La nueva Casa pasará a obtener las correspondientes rentas que ascendían en 1761, según las Comprobaciones para la Única Contribución, a 48.706 reales (1.656.004 maravedís ) sólo por la villa de Olivares y el cortijo de Soberbina. Todo incluido, las rentas del Estado de Olivares, comprendiendo los lugares de Olivares y Heliche ascienden, – según un Estado de las cantidades a que ascienden las utilidades de los bienes y efectos de los mayores hacendados del reino de Sevilla -, en 1754 a 457.941 reales de vellón (Herrera García) equivalentes a 15.569.994 maravedís.
Olivares permanecerá hasta la fecha ligado a los Alba. Disueltos los señoríos, impropios de la Edad Contemporánea, sus propiedades explotadas mediante censos, con la carga del noveno de los frutos y gallinas, por licencia real desde 1579, y arriendos por el Sr. Administrador a los más pudientes, eclesiásticos y vecinos o forasteros pudientes que las explotan mediante jornaleras, harán presente la prolongado sombra de la nobleza entre los habitantes, como poder máximo aunque ausente, junto a castas de poderosos locales. En la década de los ochenta, en pleno siglo XX serán enajenadas a los vecinos gran parte de la propiedad ducal, así como el palacio, en estado ruinoso.
LA COLEGIATA
Una obra habla de dejar el Conde-Duque en Olivares que todavía sorprende: elevar la capilla eregida a la Virgen de la Nieves por su padre, en recuerdo de su época de embajador en Roma, a la categoría de Iglesia Colegial, abadía nullius diócesis, dependiente directamente de Roma por motu propio del Papa Urbano VIII dado en Roma, mediante bula decretada en el primero de marzo de 1623, y filial de la Basílica de Santa María la Mayor de dicha ciudad. Dotó a la Colegial de unos minuciosos estatutos, que regulaban su funcionamiento cual si de una catedral se tratase, siendo su promotor, mentor y patrono.
La dotación humana de la Colegial es importante. En primer lugar el Abad mitrado que gobernaba en todo el territorio de la abadía, con la obligación de visitarlo todo los años. Tenía jurisdicción ordinaria y la delegada por el Concilio de Trento en lo espiritual y temporal, sobre todas las personas afincadas en el territorio que quedaban bajo su dependencia – Olivares, Heliche, Albaida, Castilleja de la Cuesta y Sanlúcar la Mayor – tanto en causas eclesiásticas como en civiles y criminales. Para ello se auxiliaban de un Provisor y Vicario General, de un Fiscal, clérigo de orden sacro, un Notario y un Alguacil Mayor, que a su vez actuaba como alcaide de la cárcel de la abadía. Igualmente nombraba dos Alguaciles ordinarios, éstos para ritos y protocolos.
Al Abad seguía en importancia el Arcediano, que le asistía en las liturgias pontificales, y a éste el Chantre, que actuaba en sus ausencias. Figura relevante era igualmente el Tesorero, cargo que exigía prestar fianza y cuya toma de posesión venía precedida de un inventario que recepcionaba públicamente. Además de llevar la contabilidad y guardar los ornamentos, plata, libros y pertenencias de la abadía, se le encomendaba especialmente la custodia de las sagradas y numerosas reliquias.
Tras el Abad, Acerdiano y Tesorero, el Maestre Escuela era la cuarta dignidad. Continúan ocho Canónigos, uno de los cuales ocupaba el cargo de maestro de Capilla que ha de gobernar coro, órgano y enseñar música. Doce Recioneros para el coro, más otro que actuaba de organista y sustituto del Maestro de Capilla. De entre los Racioneros, uno destacará en la historia con nombre propio, el pintor Juan de Roelas, o de las Roleas. Toda esta legión de servidores de la Colegial debían ser sacerdotes o en edad competente para ordenarse en el plazo de un año siguiente al de su colación. Y a ellos todavía hay que añadir doce Capellanes, con igual exigencia.
Nombraba, todavía el Abad, un Maestro de Ceremonias, un Pertiguero y un Cetrero o Celador que solía ser clérigo, con la primordial misión de imponer silencio fuera del coro. Por último, también competía al Abad el nombramiento de un Perrero, que vestía con ropa y paño rojos.
El Tesorero nombraba a los sacristanes. El Sacristán Mayor debía ser sacerdote o de orden sacro, lo que no le libraba de tener que prestar fianza al entrar en el cargo. Era auxiliado a su vez de dos Sacristanes Menores.
Cerraba tan cumplida nómina, de más de 40 personas, el Campanero, que vivía en la propia torre y completaba su cometido con el de cuidado del reloj.
Si consideramos los habitantes de Olivares en el correr de los siglos, tenemos:
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Padrón 1534 |
Siglo XVIII |
1845 |
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(Catastro Ensenada) |
(Dicc. Madoz) |
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Olivares |
92 |
450 |
2066 |
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Heliche |
24 |
16 |
– |
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Comparación |
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Albaida |
168 |
75 |
371 |
|
Salteras |
269 |
197 |
620 |
Evidentemente, la elección de Olivares como cabeza del Estado condal supuso una importante atracción sobre los lugares limítrofes, que pronto se van a resentir en sus poblaciones, – Mandoz, en su Diccionario, aconseja que “(Albaida) por su inmediación a Olivares, sería conveniente constituir este pueblo dependiente de aquella villa, quedando sin ayuntamiento y con una ayuda de parroquia” – así como sobre Heliche que terminará desapareciendo y desmantelados los materiales de construcción de sus casas e iglesia para su reutilización en Olivares. Pero aún este incremento de población es insignificante si se considera el influjo permanente durante siglos de la Colegial con todo su poder, liturgia y boato.
Misa a las 5 o a las 7 de la mañana; festividades por aniversario de santos: Santiago, Leandro, Plácido, de cada uno de los que se guardan reliquias, Navidad, Semana Santa, Corpus, etc., a todo ello añadir que cada sábado se cantaba vísperas y salve con solemnidad, a toque de órgano, y salía procesionalmente el cabildo; más de veinte misas solemnísimas con sermón y vísperas: las grandes conmemoraciones de difuntos que el Pío Conde-Duque dejó establecidas; más de quince procesiones solemnes al cabo del año y las que se requiriesen con ocasión de las calamidades que el año trajese, peste, sequía, hambre, o el terremoto de 1755, etc.(Vázquez Soto)
El mismo autor, en su obra ” La Colegiata de Olivares”, dice: “El principal espectador de estos ritos, el pueblo, terminó por acostumbrarse a esta atmósfera de latines y rezos que invadía la iglesia colegial a todas horas. La mente popular acuno un substrato de fe muy peculiar, poco clarificada y de la que ya no sabe prescindir para sentirse creyente. El año de la supresión de la Colegial y pese a estar muy amortiguado este espíritu religioso, se oirán llantos y lamentos… i Cómo poder olvidar las rutilantes capas, las dalmáticas de tisú, las letanías, el canto y el órgano, tocado con aflautados, en las misas solemnes, a las que acudía el pueblo para ver, aunque fuese de lejos, al Patrón de turno!”
Fácilmente se puede deducir la importante influencia que la Iglesia ha tenido en la vida de este pueblo, y en su psicología colectiva.
La Colegial era obra de D. Gaspar y parece que nada de su obra quedaría privada de tensiones tras su muerte.
Nació en el territorio del Arzobispado de Sevilla y pronto estuvieron Arzobispo y Canónigos de la Catedral de Sevilla a la lucha por disputar las rentas, diezmos y beneficios de todo tipo que la Colegial de Olivares les vino a restar. Toda la vida de la Colegiata desde 1623 a 1853 en que Roma decide la supresión de todas ellas, estará presente este conflicto.
El conflicto presenta distintas manifestaciones, sin que puedan los dos primeros abades tomar posesión efectiva de la jurisdicción de su territorio. Cuando por fin se consiguen ejecutar las bulas papales surgirá el pleito de los diezmos, siendo Abad, el tercero, D. Juan Bautista Navarro, secretario de D. Luis Méndez de Haro, el sobrino sucesor de D. Gaspar. Iniciado el pleito en 1653 ante el Tribunal de la Nunciatura, seguirán sentencias en 1662- favorable a la abadía -, apelará Sevilla a la Rota, que confirmará la sentencia en 1679. Se producirá nueva apelación de la iglesia sevillana, que además duplicará el pleito recurriendo al rey Carlos II en 1680, alegando que la sentencia es perjudicial para la regalías, persistirá más tarde ante la propia Cámara de Castilla. Se interpondrá por el Abad de Olivares, Juan Bautista Navarro, Declinatoria de Jurisdicción para que se abstuviese de conocer por estar el pleito radicado en los tribunales eclesiásticos.
Tras una pausa judicial de setenta y ocho años, en 1758, se resuelve la Declinatoria con un “no ha lugar”. A continuación tercia un allanamiento parcial de los de Olivares, y una nueva actuación ante los tribunales eclesiásticos, y así sucesivamente hasta el agotamiento de la vida de la Colegiata.
Como consecuencia del Concordato de 1851 se suprimirá la Colegiata de Olivares, concluyendo su Cabildo el 30 de junio de 1852, tras el canto de Completas. La jurisdicción continuó ejerciéndola hasta 1856 un Capitular, ahora como Gobernador Eclesiástico, nombrado previamente por el Cabildo. En ese año pasará a desempeñarla el Arzobispo de Sevilla, en calidad de Administrador Apostólico como delegado particular de la Santa Sede. La incorporación definitiva se producirá en febrero de 1874, tras la Bula “Quae diversa” de Pío IX, de 14 de Julio de 1873 sobre incorporación de todas las jurisdicciones exentas a las de los Ordinarios en cuyos territorios se hallasen situados.
El siglo XIX comienza trágicamente. Sevilla y su provincia son azotadas por una epidemia de cólera. A Olivares llega en octubre. A la epidemia le sigue el hambre, que se prolongará hasta 1807, fruto de una sequía prolongada que hará que el pueblo demande la salida en procesión de San Benito, primitivo patrón de Heliche. El Concejo municipal, siempre pobre a lo largo de los siglos, carente de patrimonio, sin bienes de propios ni comunales, recurre al Cabildo Colegial pidiendo 13000 reales de vellón, en préstamo, a fin de socorrer al pueblo con un poco de trigo.
El levantamiento popular de 1808 contra la invasión napoleónica tardará en llegar a Olivares un par de meses. Se contribuyó a las llamadas de las Juntas de Defensas. El sexto batallón de voluntarios de Sevilla permaneció alojado durante algún tiempo en la localidad, en los últimos meses de 1308, para verse sustituidas en abril del año siguiente por topas francesas, que exigirán los tributos y aportaciones a la villa durante los años siguientes hasta la liberación definitiva del ejército invasor en 15 de agosto de 1812.
Con todo, en 1809 se celebran las fiestas de Santiago con esplendor de fuegos artificiales y corridas de toros en ruedo improvisado en la plaza de la iglesia.
La mejor descripción del Olivares de mediados del XIX la encontramos en el Diccionario de D. Pascual Madoz, de él entresacamos los párrafos que siguen:
“Tiene 428 casas con buena distribución para la labor y usos domésticos; una plaza cuadrilonga, con arbolado, en la que se hallan la casa consistorial de buen aspecto, la iglesia colegial y la casa del Conde-Duque con departamento para morada de los abades; calles bien empedradas y limpias; dos escuelas para cada sexo…”.
Tras referir los ornamentos, alhajas, relicarios y cuadros de Juan de Roelas que guarda la iglesia, y adentrándose en la descripción económica, dice:
“El Término comprende 7.000 aranzadas de tierra, la mayor parte para sembrar, de buena calidad, y lo demás de plantío de olivos, arbolado frutal y viñedos; de las 7.000 aranzadas, más de 6000 pertenecen a la casa ducal unida hoy a la de Berwik y Alba. El terreno, todo él es muy a propósito para las plantaciones mencionadas y especialmente para trigo del cual se hace el mejor pan de flor de Sevilla.. .La producción consiste en granos de todas las clases, aceitunas, frutas y ganados: la de cereales puede graduarse en más de 50.000 fanegas al año, la de aceite en 2.000 arrobas, y la de viña se consume en fruto, la mayor parte en Sevilla y pueblos inmediatos; el ganado es bastante numeroso de las clases de lanar, vacuno y de cerda. Hay 3 molinos de aceite, 3 atarazanas, 2 posadas, 5 panaderías. 6 tahonas, 2 tabernas, 10 tiendas de comestibles y abacerías y 2 de ropa de vestir… Se celebra el día 8 de septiembre, y desde hace pocos años una feria a la que concurren muy pocos o ningún forastero… El Presupuesto Municipal asciende ordinariamente a unos 19.000 reales y se cubren con arbitrios y reparto vecinal por no haber caudal de propio”.
En la nave izquierda, abierta al presbiterio, encontramos la capilla de las Reliquias, que guarda la probablemente mejor colección de la provincia, tras la reja de 1633 debida a Luis Noguera. A continuación, y en la misma nave, sigue un retablo que contiene a la primitiva patrona del pueblo, la pequeña y más antigua imagen de la iglesia, la Virgen del Álamo, del siglo XIV. Aparece la Virgen sentada, con una fruta en la mano derecha y sosteniendo al Niño con la izquierda sobre su rodilla. Sujeta a bastantes restauraciones, en el XVI y XIX, en la última ocasión se le redondeó la cara y se le pusieron ojos nuevos.
En el retablo se aprecian además esculturas de Santa Bárbara, San José con el Niño y Santa Rosa, todas de mediados del XVIII. En la parte inferior aparece un hermoso busto de Ecce Homo que se atribuye a la Roldana.
Continúa una capilla con el retablo de la Virgen del Carmen con ráfagas, escapularios y corona de plata, del último tercio del XVIII.
Sigue la capilla del Nacimiento, con pinturas murales sobre la vida de la Virgen y retablo de finales del XVIII enmarcando un lienzo con la Adoración de los Pastores; a los pies está el enterramiento del Abad D. Bernardo Poblaciones Dávalos, noveno de la Colegiata, que la rigió de noviembre de 1773 al 22 de enero de 1817. La capilla contigua tiene un zócalo de azulejos modernistas, Inmaculada y relieve de Ecce Homo contemporáneos del retablo rococó en que se encuentran. Por último la capilla de San Cristóbal, con un gran lienzo en marco barroco de finales del XVII.
En la nave derecha, por la cabecera, encontramos una capilla con retablo de principio del XVIII que contiene un lienzo del Crucificado. Sigue un retablo de tres calles con hornacina central presidida por la Virgen del Rosario, que se acompaña de las tallas de Santa Justa y Rufina, con San Juan Evangelista y Santiago. En el mismo ala es de apreciar otros retablos de estilo rococó destinados a San Antonio y a la Divina Pastora atribuida a Bernardo Gijón.
La capilla Sacramental, casi al final de la nave izquierda, fue terminada en 1694, con un magnífico retablo de mediados del XVIII e importantes esculturas de San José y el Niño, atribuidas a Roldan. De Francisco Antonio Gijón es el grupo de Santa Ana y la Virgen. Contiene también importantes lienzos de grandes dimensiones de mediados del XVII y referidos a los Desposorios de la Virgen, la Adoración de los Reyes Magos y el Tránsito de San José, atribuidos primero a Juan de Roelas y en la actualidad al taller de Zurbarán. El lienzo que está en la capilla representa a San Blas bendiciendo a dos donantes presenta la particularidad de que las donantes son la esposa y la hija del Conde-Duque, doña Inés y dona María.
Resta la capilla decorada con pinturas murales en la que se venera a la Virgen de los Dolores en su Soledad, que aparece colocada en un retablo del siglo XVIII.
El Coro, al fondo de la nave central, tras una magnífica reja de hierro forjado de estilo barroco de mediados del XVIII, es de nogal con doble sillería y decoración de tipo geométrico. Su autor es Bernardo de Cabrera, de Santiago de Compostela, que vino expresamente a montarlo en 1638. En la silla del Abad destaca un relieve del Nacimiento del sevillano Gaspar Ginés. El trascoro lo ejecutó José de Escobar en 1706, en esta zona se hallan una pintura de la inmaculada, llamada Virgen de las Carboneras, del XVII, con incrustaciones de plata y marco tallado.
Otros retablos de interés se localizan en el trascoro, entre ellos el de San Benito, traído de la parroquia de Heliche, y el de San Sebastián, actual patrono, del siglo XVIII. Repartidos por la iglesia quedan distintas obras de arte, destacando especialmente, en el despacho del párroco, un magnifico crucificado en marfil de estilo hispano-filipino del siglo XVII.
Además de toda esta riqueza, la sacristía guarda su propio tesoro en esculturas, pinturas, orfebrería – más de un centenar de excelente calidad – y ricas y abundantes ropas de culto. Es necesario destacar la custodia procesional de más de dos metros de altura y el sagrario de plata, la colección de cruces o el cofre de carey con cantoneras y remates de plata de estilo barroco, etc., etc.
EL PALACIO DUCAL
Se inició en la primera mitad del XVI, con algunas reformas posteriores, juntamente con el edificio de la Colegial conforman la plaza a la que se liga lateralmente por dos arcos apuntados que dan paso a otras tantas calles. De amplia fachada, cuenta con dos plantas, abriendo en la superior cinco balcones de dos y tres manos con arcos sobre columnas de mármol encuadrados por alces moriscos, al gusto renacentista sevillano. En la fachada hay un relieve de mármol que representa el escudo de la casa sostenido por dos harpías. Los herrajes corresponden al tránsito entre el XVII y el XVIII.
El interior del edificio consta de tres núcleos agrupados en torno a sendos patios que se yuxtaponen en posición paralela a la línea de fachada. El más bello es el patio central, de traza muy común en el siglo XVI sevillano, de planta cuadrada, con galería en todos sus frentes y arcos de perfil semicircular peraltados con sus alfices correspondientes, tiene por remate una cornisa con perfil de nacela, a partir del cual nace el segundo cuerpo, que es ciego y con simple balconaje. Los arcos apoyan en columna de mármol blanco, del conocido tipo de importación genovesa que tanto se usó en la Sevilla de la época, con basa de garras, fuse liso y sin gálibo y capitel de “castañuelas”.
Verá el XIX concluir el despoblamiento y desmantelamiento de Heliche y su parroquia así como la desaparición de la Colegiata, que quedara convertida en parroquia y sometida, por fin, a la jurisdicción de Sevilla
SIGLO XX: SITUACIÓN SOCIO-ECONÓMICA
Durante el siglo actual se mantienen las mismas constantes. La población evoluciona suavemente, ajena a los grandes movimientos migratorios, comienza el siglo con 3554 habitantes para alcanzar los 5000 en los primeros años de los sesenta y sólo mediados los ochenta llegar a los 6000. El núcleo urbano se configura en tomo a la plaza rectangular pero tomando como ejes los caminos agrícolas, y posteriormente los ejes de circulación que lo atraviesan en dirección Sanlúcar-Gerena y Sanlúcar-Salteras.
La situación socio-económica no es, nunca lo ha sido, pujante. Predomina el sector primario y entre los que se dedican a él prevalece el empleo eventual sobre el fijo. El sector industrial no es significativo en la localidad, si exceptuamos los talleres habituales a este tipo de pueblos. Los trabajadores del subsector construcción son importantes en numero pero no en cualificación, lo que lleva unido importantes tasas de paro. La actividad femenina es relativamente importante, hasta los treinta años, pero su vinculación al sector servicios no deja de ser un eufemismo, pues gran cantidad de ellas trabaja como empleadas de hogar en la capital. El grupo más numeroso de mujeres que trabaja en Olivares lo hace en la confección, destacadamente en los trajes de flamenca.
Por su crecimiento urbano e industrial se ha reservado suelo urbano y urbanizable por un total aproximado de 26 Has., con unas previsiones de crecimiento moderadas para el gran potencial económico, medioambiental y turístico que Olivares tiene y al que han de atender la iniciativa pública, que ha de invertir en infraestructuras, y especialmente la iniciativa y el capital privados que todavía no se ha percatado de este potencial oasis.
Las Fiestas
La Semana Santa
LAS HERMANDADES PROCESIONALES.
Son dos las hermandades de penitencia que hacen estación en Semana Santa, la Vera-Cruz, el Jueves Santo, y la de la Soledad, el Vienes, ambas cuentan con gran arraigo popular, siendo acompañadas en sus desfiles procesionales por unos mil nazarenos.
LA VERA-CRUZ
Fue fundada con el título de “Cofradía de la Santa Vera-Cruz y Preciosa Sangre de Jesucristo” por D. Pedro Pérez de Guzmán, el primer Conde. Sus fundadores originarios parecen ser doce, influidos favorablemente por las abundantes gracias e indulgencias concedidas por el Papa Paulo III mediante Bula de 7 de enero de 1536 a todos los cofrades de todas las Cofradías de la Santa Vera-Cruz.
Las primeras Reglas cofrades se aprobaron el 12 de mayo de 1552, siendo Arzobispo de Sevilla Femando Valdés. Ocho años más tarde, la hermandad construye en terrenos próximos a la iglesia, donados por la Condesa Dª. Francisca de Ribera, un pequeño hospital que pondrá bajo la advocación de Nuestra Señora de la Antigua, en la que quedara emplazada definitivamente la Capilla de la Hermandad, objeto de distintas reparaciones de importancia a lo largo de los siglos.
En la historia de la Hermandad llama la atención el pleito iniciado en agosto de 1766, enfrentando a la Hermandad con el Abad D. Agustín de Alvarado y Castillo, séptimo de los de la Colegiata, manteniéndose enzarzados durante tres años por cuestiones menores.
Durante años presidieron y gobernaron la hermandad personas aristocráticas y pudientes, sin que ello signifique nada más que la imposición del signo de los tiempos. La Real Cédula de Carlos III de 18 de marzo de 1783, que consta adosada a las Reglas, permitirá un cambio democrático, al reconocer “que no sólo el oficio de Curtidor sino también las demás Artes y Oficios de Herrero, Sastre, Zapatero, Carpintero y otros a este modo son honestos y honrados, que ejercerlos no envilece la fama ni la persona del que los goce, ni inhabilita para obtener los empleos municipales de la República en que estén avecindados los Artesanos o menestrales que los ejerciten, y está mandado se anote en los Libros Capitulares de los Ayuntamientos y en la de los Gremios y de las Cofradías, Congregaciones, Colegios y otros Cuerpos en que haya Estatutos contrarios.
En su recorrido por las calles de Olivares tradicionalmente hacia cinco estaciones en honor de las cinco llagas de Jesucristo. Dichas estaciones aparecen aún marcadas con cruces de hierro forjado adosadas permanentemente a las fachadas en distintos puntos del pueblo.
El patrimonio artístico de la Vera-Cruz es importante. El Cristo de la Salud es de fines del XVII y ¡a Virgen de la Antigua en su imagen actual data de 1903, obra del escultor Astorga. Ambas imágenes, al igual que la de San Juan, están colocadas en un magnífico retablo de un solo cuerpo, columnas salomónicas y remate semicircular, es también del siglo XVII, originario de un convento de Castilleja de la Cuesta, fue adquirido por la Hermandad con ocasión de la reconstrucción de la Capilla concluida en 1895. En retablos laterales se contienen un Cristo atado a la columna, traído de la parroquia, y que es igualmente objeto de procesión el Jueves Santo, y un San Antonio procedente de la primitiva parroquia de Heliche.
LA SOLEDAD
La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de su Madre Santísima Nuestra Señora de la Soledad es fundada en 1712 por un grupo de hermanos de la Vera-Cruz, aprobando sus Reglas el Abad Francisco Rico Villarroel el 12 de marzo de ese mismo año. En ellas se recoge que los nuevos hermanos han de ser “Cristianos Viejos, limpios de toda mala raza y de buena fama y costumbres…”, que además deberán jurar defender el Misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen Maria, obligación que se impone 142 años antes de la solemne proclamación del dogma de fe por el Papa Pío IX en 1854.
De su patrimonio artístico destacan la imagen de Jesús Nazareno, atribuida a la escuela granadina del siglo XVII, restaurada últimamente en 1975 por Álvarez Duarte, y la imagen de la Virgen de los Dolores, atribuida al escultor sevillano José Montes de Oca en el primer cuarto del XVIII. restaurada en 1913 por Antonio Roldan y en 1974 por Álvarez Duarte, autor del Cirineo incorporado en 1985.
Importantes son los retablos en los que se encuentran las veneradas imágenes de esta Hermandad. En el retablo de la Virgen, mayor y más antiguo que el del Nazareno, del primer cuarto de! siglo XVIII, está flanqueado por cuatro grandes ángeles pasionarios y en la parte superior un bajorrelieve de la oración en el huerto. El de Jesús se construyó hacia 1763, presentando las características propias del barroco tardío, con exhuberante decoración a base de rocalla. Entre los tesoros de la hermandad destacan los bordados de la túnica procesional de Jesús Nazareno, del XVIII, y los mantos de la Virgen, del mismo siglo y siguientes; así como las tres coronas de Virgen y dos corazones repujados del XVIII, uno de plata y otro en oro de ley.
El Rocio
Mucho más joven que las hermandades de penitencia, la Hermandad del Rocío surge en los añas treinta, durante la II República, encauzando la vocación rociera de los olivareños, que desde tiempos antes peregrinaban al santuario marismeño al abrigo de la Hermandad de Umbrete. En 1934 es apadrinada, ante la Hermandad matriz, por la de Gines, y el 13 de mayo de 1935 es eregida cacónícamente por el Arzobispado de Sevilla. Con el lugar número dieciocho en el orden de antigüedad, entre las casi ochenta actuales, sigue a la de Dos Hermanas y va por delante de las de Hinojo, Bollullos del Condado, Espartinas, Sanlúcar la Mayor, o la de El Salvador de Sevilla. Para conservar el puesto, no dudó peregrinar durante los alias 1936-39 con el Simpecado metido en un camión.
Adquieren su primera casa de hermandad en el santuario en 1950, sustituida por otra más grande que, construida, desinteresadamente por los propios rocieras olivareños en los finales de semana, se concluirá en 1977. En 1955 se encargan al escultor Antonio Eslava una imagen de la Virgen del Rocío al perderse la anterior, de madera, al incendiarse los vestidos con las llamas de las velas que la alumbraban en la iglesia, salvándose solo el Pastorcito.
El Simpecado con que en la actualidad acuden los romeros en peregrinación, así como la carreta de plata, son obra de Eduardo Seco.
La pujanza de la vocación rociera los tiene empeñados en la construcción, en avanzado estado, de una Capilla-Casa Hermandad en la Avda. del Rocío, en la carretera Olivares-Sanlúcar la Mayor. De planta octogonal, con una gran cúpula, vidrieras y dos torres, está llamada a ser un hito en todo el Aljarafe hasta el punto de ser la única hermandad en la comarca que tendrá imagen y capilla propias. En su logro se esfuerzan los setecientos romeros con los que cuenta Olivares.
LA ROMERIA DEL ROCÍO
Pero el Rocío es también una Fiesta de Mayo. Fiesta y peregrinación que se prolonga entre un miércoles y el siguiente, a lo largo de ocho días sagrados para los rocieros.
Comienza con la Misa de Romeros. Tras ella, al repique de campanas y tronar de cohetes, los romeros atraviesan el pueblo, tras el jinete que porta el guión del camino, a caballo, carretas, a pie o en coches de caballo que acompañan a la carreta del Simpecado tirada por una yunta de bueyes.
Atraviesan Sanlúcar la Mayor y Benacazón, parando en Pozo Horcón y pernoctando en la explanada tras pasar el Río Quema, que no es otro que el propio Guadiamar. El segundo día, tras el caluroso y emotivo encuentro con la Hermandad de Villamanrique, al atravesar dicha localidad, se para a los comienzos de la Raya Real, y, tras atravesarla, no sin esfuerzos, se pernocta en Palacio Rey. Al tercer día de marcha, tras atravesar el puente del Aljolí. se llega al Rocío en las primeras horas de la tarde.
La vuelta se realiza por el mismo camino, pero con mayor brevedad. Se sale el martes, pernoctando en V¡llamanrique de la Condesa, para hacer entrada en Olivares, cuya población los espera en la calle al igual que los despidió, el miércoles, recibiendo las campanas de la Colegiata la vuelta del Simpecado a la iglesia, lo que tiene lugar sobre las diez de la noche.
Entre tanto, durante ocho días, la sensibilidad, los sentimientos; la emoción y la devoción, expresadas en cantos, salves, sevillanas, flauta, tamboril y vivas a la Virgen, habrán presidido los días más grandes del año. Que tendrán continuación en otras peregrinaciones menores durante el Rocío Chico – 18 y 19 de agosto -, septiembre y el primero de noviembre.
El Corpus
Como en tantas otras localidades andaluzas, la procesión del Corpus recorre un pueblo encalado, adornado y engalanado como ningún otro día del año. A ello se le añade una explosión de arte que se produce al quedar expuestos todos los tesoros acumulados en los siglos de vida de la Colegiata, desde el altar portátil, de plata, del siglo XVIII, hasta las capas y casullas ricamente bordadas o la magnífica custodia de plata. En la calle, el Santísimo va acompañado por el paso de la Virgen de la Antigua, que realza todavía más la fiesta en que se convierte el pueblo.
La Feria de agosto
Parece que la celebración festiva y popular de la Patrona, la Virgen de las Nieves, el 5 de agosto, se remonta a los primeros años del siglo XVII. A esta celebración se le unió una de carácter comercial, la de la Feria de Ganado, que llegó a conocer un importante auge en todo el Aljarafe. Hoy la celebración es puramente popular durante cuatro o cinco días en torno al día de la Virgen.
Por la época en la que se realiza, pleno verano, y la bulliciosa forma en la que se celebra, es muy concurrida por nativos y foráneos, habiendo adquirido un magnífico ambiente en todo el recinto ferial que desborda las casetas y asegura la diversión hasta el agotamiento.
Otras fiestas y celebraciones, aunque populares, tienen carácter menor, como las Cruces de Mayo o la celebración de San Blas, el 3 dc febrero, con la bendición de roscos de pan. No existe, y a ello no debe ser ajeno la influencia histórica de la Colegial, la menor tradición en celebrar el Carnaval, cuyas fechas pasan prácticamente inadvertidas.
Sus monumentos
Además de la riqueza histórica, artística y religiosa de la que ya se ha dejado constancia, Olivares tiene declarado Conjunto Histórico-artístico a la plaza central de la localidad, con su iglesia parroquial, la Colegiata, y el palacio de los Conde-Duque por Decreto nº 1946, de 22 de junio de l97l.
La Iglesia es de una construcción compleja por las constantes reformas desde su fundación, en la primera mitad del XVII, hasta mediados del XVIII. Se trata de un bello edificio de hondo sabor manierista. Con planta de cruz latina inscrita en un rectángulo, comprende tres naves separadas por columnas pareadas y varias capillas laterales que se abren al cuerno de la iglesia. En el presbiterio llaman la atención las tribunas destinadas a la nobleza titular. Su traza tiene como antecedentes directos dos monumentos coetáneos de Sevilla capital, nos referimos a la Iglesia de San Benito, construida por Andrés de Oviedo y el apeadero del Alcázar, de Juan de Oviedo y de la Bandera, obra muy característica del reinado de Felipe IV.
Las columnas de mármol, traídas en 1666 del convento de Carmelitas de Los Remedios, soportan arcos de medio punto. La capilla mayor se ejecutó 29 años antes, y la del Sagrario, en 1964. El trascoro es obra del arquitecto José de Escobar, ejecutándose en 1706; siete años más tarde se modifica la cúpula del crucero para hacerla más esbelta. La torre es de dos cuerpos recorridos por pilastras y un remate prismático con adorno de azulejos, en los que puede leerse la inscripción: acabose en 1689.
Sí la riqueza de las Capillas de las Hermandades de Penitencia son notorias, la de la Colegial es impresionante, destacando como uno de los más ricos conjuntos de Sevilla. En el retablo mayor, terminado en 1690, intervienen José Guisado, José Escobar y Matías de Brunenque. Lo preside la Virgen de las Nieves, imagen barroca obra de María Roldan, hija mayor de Pedro Roldan, realizada en 1697, datada de una magnífica corona de plata realizada por Ignacio de Córdoba, platero de Sevilla. En el retablo destacan igualmente las esculturas de San Nicolás de Bari, Santo Domingo, San Pedro y Santiago, todas ellas de fines del XVII. En la hornacina superior del retablo se encuentra una pequeña Inmaculada datada en la segunda mitad del XVIII. Destacan igualmente en el presbiterio las pinturas al fresco y dos bancos con los escudos ducales .
Aunque su estado de conservación es muy deficiente, la Junta de Andalucía tu asumido desde hace algunos años la tarea de recuperar y dignificar la parte más noble del edificio, la central.
La Plaza se cierra con el edificio del Pósito también llamado Alfolí, que aparece unido a la Colegiala por una calle cubierta en forma de túnel. Este edificio presenta portada trilobulada y elementos decorativos de estilo barroco, datándose su construcción del XVII-XVIII.
El término
Referida la proverbial riqueza agrícola de las tierras olivareñas, nos referimos ahora a la belleza de su paisaje y a las posibilidades medio-ambientales que encontramos en su término municipal, suavemente ondulado, en el que destaca al Oeste la vega del Guadiamar. Con una altitud inferior a los 50 m. y prácticamente plana con pendientes inferiores al 3%. En esta zona se localiza el más importante arbolado forestal del Municipio, con álamos, eucaliptos, encinas y monte bajo, objeto de protección especial tanto en las Normas Subsidiarias de Planteamiento, como en el Catálogo de Especies y Bienes Protegidos del Plan Especial de Protección del Medio Físico de Sevilla, en el que aparece catalogado como “Complejo Serrano de Interés Ambiental: CS-12. En dicha zona se localizan las siguientes especies de fauna: mochuelo, trepador, azor, gineta, zorro, culebras, etc., y en su gestión se recomienda la regulación cinegética y del pastoreo y su adecuación a zona recreativa y didáctica.
Más cerca del núcleo urbano y ocupando los cortijos de la Coriana, Montijo, Miraflores y el Cerro de Torrús, el misma Catálogo localiza la Cornisa Norte del Aljarafe, a la que califica como “Paisaje Sobresaliente: PC-4″. En dirección opuesta y todavía más cerca del núcleo, el Calvario, con una cota de 187 m. se integra igualmente en la Cornisa del Aljarafe catalogada como “Paisaje Sobresaliente: PS-5″. Desde la altura del Calvario se dominan magnificas vistas sobre el núcleo de Olivares, Salteras y Valencia de la Concepción.
Con todo, el término está falto de una auténtica recuperación medio-ambiental y recreativa, a pesar de las posibilidades que ofrece toda la ribera del Guadiamar, el muy antiguo abrevadero de la Coriana, descansadero en la intersección de las vías pecuarias constituidas por el Cordel de los Carboneros, Cutón Grande y Colada de la Atalaya, o la recuperación recreativa cultural de la Torre de San Antonio, por ejemplo.
Presente y futuro de Olivares
Sin detrimento de las actividades agrícolas, que podrían potencíarse enormemente de utilizarse las aguas del Guadiamar para poner en regadío las actuales zonas de secano, es evidente que existen espacios suficientes para desarrollar una labor de regeneración medio-ambíemtal que añadirían nuevos atractivos a su enorme riqueza histórica y artística, hoy infra-consideradas.
Olivares posibilita, con sus importantes recursos no explotados, magníficos rutas culturales, históricas, artísticas y naturales-ecológicas dentro de una zona señera de la provincia y privilegiadamente localizada, a pocos minutos de Sevilla y del recinto que ha llevado a Sevilla a recuperar 500 años de historia ante el mundo: La Exposición Universal de 1992.
La historia ha conformado un pueblo tranquilo, de espaldas al desarrollismo, a las urbanizaciones masivas, a la industria, al estrés y a la contaminación; un pueblo de colonos y jornaleros, ligados a la tierra y a su cadencia. Y si durante años ella ha podido ser su castigo, hoy aparece como una isla diferenciada a la mayor altura, con el mejor clima y en el mayor sosiego que es posible a solo 17 Km. de Sevilla, ligado a sus tradiciones y recuerdos.
El reconocimiento de estos valores en el mundo actual de urgencias y especulaciones, pasa necesariamente por un esfuerzo de todos los olivareños por unir voluntades ante su futuro para que, tras 500 años de existencia, los pleitos que han jalonado su historia no se reproduzcan, ahora con nuevos contenidos y litigante, y recuperada la propiedad de la tierra, sepan ofrecer a la iniciativa privada y a la pública todos sus tesoros, artísticos y ambientales, así coma su particular forma de entender la vida, para que todos puedan acercarse a Olivares y disfrutar de esta isla sevillana en las cimas de su Aljarafe.









[...] Olivares [...]
[...] al menos en un pueblo del Aljarafe sevillano, muy cerquita de la capital. Y os hablo de Olivares, el pueblo en el que vivo desde hace casi 20 [...]
[...] actividades y os animo desde esta web y con la perfecta excusa de estos actos a que visitéis este pequeño pueblo. // [...]
[...] este próximo finde, más concretamente desde el jueves 6 hasta el domingo 9 de mayo se celebra en mi pueblo, la VIII edición del Mercado Barroco, que ya va teniendo su arraigo y que cada año que pasa es [...]